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Seguimos con esta serie de textos sobre Extremoduro, ahora que se despiden y que está a punto de publicarse el recopilatorio «Canciones 1989-2013» que contiene lo mejor de su impresionante repertorio. El biógrafo oficial del grupo, Javier Menéndez Flores, ha tenido la cortesía de pasarnos este texto sobre la impronta de uno de los grupos más grandes del rock en castellano.

Ha habido pocas revoluciones en la historia del rock español de tanta envergadura como la que supuso la eclosión de Extremoduro, cuya propuesta artística consistía en el difícil arte de maridar poesía y nitroglicerina. Roberto Iniesta, dueño de una lírica personalísima, emocionante por su armazón de sensibilidad y furia, cultivaba en su jardín rosas sonoras que tenían tres espinas por pétalo, y encontró la manera de anudar aquel lenguaje de napalm al trueno amigo de las guitarras eléctricas. Nunca antes, no desde luego de un modo tan radical y continuado, palabras atroces, prohibidas hasta entonces en una canción, se mezclaron sin rechazo con los sentimientos que pueblan el universo de todo poeta, como la soledad, el desamor y el vértigo de la existencia. Y a ese audaz caudal creativo, sin apenas precedentes en nuestro país, el propio Iniesta le puso nombre: «rock transgresivo», y lo despojó de sombras al manifestar que las suyas eran canciones «de amor y de guerra». En vez de causar espanto, aquel lenguaje de fuego pronto halló consumidores y Extremoduro se convirtió en un objeto de adoración para un grupo de fieles que aumentaba admirativamente con cada nuevo disco. Hasta que en 1996, ya con la decisiva incorporación del músico total que es Iñaki «Uoho» Antón, el disco Agila logró que los adeptos se volvieran legión. Cuando casi un cuarto de siglo después de aquello, en diciembre de 2019, anunciaron de golpe que cerraban por derribo, ese ejército de seguidores sentimos que el corazón nos derrapaba en la curva de las emociones y tuvimos que buscar asiento para asimilar el susto. La idea de no llegar a conocer nuevas canciones de la que es, quizá, la banda de rock más grande que ha dado nuestro país, no es fácil de asumir. Puesto que aunque Robe e Iñaki continuarán componiendo por separado, publicando buenos discos y ofreciendo giras, y seguiremos con atención detectivesca cada uno de sus pasos, cuando lo hacían bajo la marca Extremoduro tenían un carácter mágico. Y el hecho de que sólo si se da un milagro volveremos a experimentar la corriente de felicidad que supone verlos sobre un escenario, intensifica aún más la sensación de orfandad que su ausencia deja.

Es por eso que la decisión del sello discográfico Warner de editar una antología y sus obras completas es una alegría inesperada para los amantes de la buena música en general y para los fans del grupo en particular. Este doble y ambicioso lanzamiento no sólo nos devuelve, primorosamente envasadas, unas composiciones robustas como torres, sino también una parte fundamental de nuestra propia biografía. Porque debemos contarnos por miles quienes hemos reído y llorado y amado y sufrido con Extremoduro de fondo, entre el estruendo de las guitarras poderosas y la brisa de la letra gruesa y magníficamente escrita, como ese amigo insobornable que nos recuerda que siempre estará ahí, pase lo que pase.

La vibrante antología se nos presenta bajo un título sin adornos, Canciones 1989-2013, y en un triple CD que reúne un total de 44 temas extraídos de su decena de discos de estudio, y entre los que resplandecen algunos clásicos incontestables del rock español de las tres últimas décadas: «Jesucristo García», «Quemando tus recuerdos», «Ama, ama, ama y ensancha el alma», «Deltoya», «Bribribliblí», «Buscando una luna», «Sucede», «So payaso», «Salir», «Golfa», «A fuego», «La vereda de la puerta de atrás», «Standby», «Puta», «Dulce introducción al caos», «Mi espíritu imperecedero», «Si te vas», «Locura transitoria», «El camino de las utopías»… Uf. Y eso es tan sólo una pequeña parte del menú.    

Y para aquellos glotones que no se conforman con un trozo, por exquisito que sea, y necesitan el todo, ahí tienen la caja de 12 cedés Discografía completa. Se trata de una actualización de la edición anterior (2010) a la que se le ha añadido Material defectuoso y Para todos los públicos, además del disco en directo Iros todos a tomar por culo y el inclasificable Pedrá

Las canciones de Extremoduro han ensanchado el alma de abogados y camareros, de ingenieros y cajeros de banco, de asesores fiscales, pintores de brocha gorda, profesores, conductores de autobús y de todo aquel que dentro del pecho tiene un corazón y no una piedra. Es decir, que esas canciones han sonado arriba y abajo, a izquierda y derecha. Un rock extremo y sin embargo transversal que ha puesto en pie (y de rodillas) a varias generaciones de españoles.

No se me ocurre mejor forma de celebrar el talento en estado puro que llevándolo a las tiendas para que sea devorado en masa. Porque eso es lo que va a pasar, seguro, con estos dos lanzamientos discográficos: que Extremoduro, después de Extremoduro, va a volver a ser número uno en las listas de ventas. Y del modo en que ellos siempre han preferido: sin necesidad de abrir la boca ni hacerse una puta foto. Sin estar ya, de hecho, entre nosotros. Aunque lo mejor de ellos, su música de granizo y seda, esa que se nos sirve ahora en dos nuevos y hermosos estuches, sea eterna.    

Javier Menéndez Flores, escritor, periodista y autor de la biografía

Extremoduro. De profundis. La historia autorizada