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Patrol is the dude. Un nuevo fichaje en la oficina con un apellido que parece sacado de una película de Tarantino, y mucha pasión por el “hair metal” de los 80. Además de hacer diseños dabuty, de todos los tipos y colores, nos ha pasado este texto que no te puedes perder sobre Ratt y otras bandas de la época.

 

Parece de cajón, ¿no?  Que el glam, como movimiento dentro del heavy metal, sea ridiculizado tanto por los heavies tradicionales como por la crítica mainstream.  Por un lado, los afeminados y hedonistas músicos de grandes melenas que inundaron la escena del rock californiano durante los ochenta poco o nada tienen en común con los cabreados über-machos que estaban al frente de bandas más puristas como Metallica o Slayer. Por otro lado, el glam metal, con sus letras absurdas, estructuras predecibles y aura de producto jamás logró cautivar a la crítica mainstream.  Esto llevó a que el movimiento entero fuese abandonado como una tienda de campaña hundida en el lodo del Wacken en el momento en que la escena de Seattle insufló oxígeno en los pulmones del rock americano, que se estaban colapsando por el exceso de laca y brillantina.

Hay excepciones, por supuesto.  Siempre las hay.  No todas las bandas de glam fueron iguales.  Cuando se habla de bandas como Poison, Bon Jovi o Warrant uno se puede esperar toda clase de comentarios descalificativos, en algunos casos bastante justificados.  Sin embargo, cuando uno menciona otra serie de bandas, las reacciones pueden llegar a ser bien distintas.  Hay grupos como Van Halen que logran ser trascendentes a pesar de estar dentro de un género que irónicamente solo buscaba ser intrascendente.  Otra banda que extrañamente ha logrado obtener ese estatus es Ratt.

Parece raro.  Su disco debut, “Out of the Cellar” fue el clásico éxito multi-platino de la época, que en un principio podría parecer un refrito de los mismos sonidos y valores que llevaron a otras bandas a la cima.  ¿Qué demonios tendría de interesante este disco creado por cinco hombres que parecían muñecas hinchables y que acababan de pasar la peor noche de sus vidas?

La respuesta es sencilla: Mucha caña.  Lo que perdura de este disco son los riffs de guitarra de Warren DeMartini que invaden cada hueco de cada canción, llenándolas de aquellas “shred guitars” con tintes blues que las peores bandas de la época tendían a aguar.

Con Ratt sucede todo lo contrario.  Aquí no hay nada aguado.  Desde los primeros acordes de Wanted Man, pasando por uno de los riffs y estribillos más pegadizos de los ochenta: Round and Round, la caña y los decibelios son constantes.  También cabe destacar la producción reluciente y nítida, a la americana, realizada por Beau Hill, pionero del sonido que acabaría siendo odiado por los amantes del rock en todo el mundo.

Stephen Pearcy, reconocible frontman y bon vivant, que siempre pensé que tuvo suerte de juntarse con un guitarrista tan talentoso como Warren DeMartini, tiene la voz impregnada de ese macarrismo ochentero que suena tan jodidamente bien cuando se le aplica cierta cantidad de reverb.  Es innegable que su timbre es icónico y que el hombre tenía una gran habilidad a la hora de crear canciones con ganchos y estribillos increíblemente pegadizos, a pesar de que las letras se asemejen bastante a lo que un adolescente cachondo escribiría por obligación en una clase de lengua de tercero de la ESO.

Hay que decir que hay relleno.  Siempre hay relleno.  Pero tampoco importa mucho cuando estás haciendo “head banging”.  ¿No?  El caso es que el “Out of the Cellar” de Ratt es el disco perfecto para alguien que se esté intentando introducir en el mundo del glam ochentero (algo para mí inconcebible pero bueno…).  Es suficientemente cañero como para que no se rían de ti tus amigos  y al mismo tiempo, es innegable que tiene sus momentos muy finos.

En definitiva, es de lo mejorcito de un género que era lo peor.

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