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Hola este no es exactamente un disco de catálogo profundo y no ha pasado el tiempo suficiente para que se cubra de polvo en el archivo. Pero si es una de esas grabaciones inmortales con aroma a clásico perdido que queremos reivindicar.

Otro álbum al margen, al que se debería rendir justicia en el día de los juicios finales. Disco para la isla desierta, una obra inmediata, accidental, como surgida de un encuentro fortuito entre dos maravillosos pianistas y un arreglista genial. Al igual que las mejores obras de arte, este disco surge de un impulso especial, libre pero tenaz. La relación de amistad de los pianistas de jazz Brad Mehldau y Kevin Hays desde comienzos de la década de los 90 y cimentada por un amigo común, el prodigioso arreglista y compositor de música clásica contemporánea Patrick Zimmerli, cristalizó en un disco diferente, que traspasa los límites del jazz para adentrarse en el terreno de la música con mayúsculas, esa que es capaz de detener el tiempo. El disco contiene canciones propias de cada autor junto con adaptaciones de temas de Ornette Coleman, Steve Reich  y Philip Glass. La portada del disco es obra del pintor y fotógrafo estadounidense Charles Sheeler, uno de los máximos exponentes del realismo americano.

Mehldau no concede entrevistas y es uno de nuestros artistas favoritos. El año pasado lo pudimos ver en directo en el Auditorio Nacional de Madrid. Delante de 2.500 personas, Mehldau actuó sólo en un concierto impresionante en el que demostró una habilidad especial para compaginar la intensidad con el susurro, la violencia con la paz…música de verdad.

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