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Alfonso Pérez escribe sobre “El Cantante” el gran disco de Andrés Calamaro:

Mientras tengo en mi mano la edición en vinilo de “El cantante” de Andrés Calamaro no puedo evitar recordar cómo se gestó este disco tan especial.

Primeros días de Junio del 2003, David Bonilla y yo visitamos a Andrés en una casa de la sierra madrileña donde llevaba varios meses viviendo con su pareja de entonces y buscando la tranquilidad que necesitaba después de los turbulentos años post Salmón. En la comida nos comentaba que estaba muy tranquilo y feliz y que no tenía actividad musical alguna, de hecho ni se había llevado una guitarra o un piano. Medio en serio medio en broma nos comentaba “he perdido la voz  y no creo que la recupere”. Nos fuimos contentos porque le habíamos visto en buena forma en lo personal y eso era lo más importante.

Un par de meses después recibo una llamada de Andrés que me dice “…Che jefe, me aburrí de aburrirme, voy a hacer un disco, pero va a ser distinto a todo lo que hice antes, quiero hacer un disco de intérprete. La sierra se está llenando de veraneantes y vuelvo a Madrid”. A partir de entonces se puso en contacto con Javier Limón, a quien conoció en la grabación de “La ranchanda de los paraguayos”, el tema de Andrés incluido en un disco de El Niño Josele.

Septiembre lo dedicaron a la elección del repertorio y entre octubre y noviembre se grabó el disco en el estudio de Casa Limón. Recuerdo que las sesiones fueron muy relajadas, Andrés llegaba a eso de las 10 de la mañana y al mediodía o primera hora de la tarde se iba a casa hasta el día siguiente.

Lo que en un principio iba a ser un disco menor dentro de su carrera, se convirtió en una pieza fundamental para entender la música de Andrés. Canciones de Roberto Carlos, Carlos Gardel, Atahualpa Yupanqui o Rubén Blades son reinterpretadas con una emoción y un sentimiento únicos. Los músicos son todos increíbles, Niño Josele a la guitarra, Alain Pérez al bajo, Piraña a las percusiones o el gran Jerry González a la trompeta aportan lo mejor que tienen en cada uno de los temas. A destacar que a pesar de ser todos unos virtuosos, sus interpretaciones están llenas de matices y delicadeza jugando siempre a favor de la voz de Andres, que además tocó guitarra y piano.

Si bien todas las versiones del disco me parecen enormes quiero destacar las tres canciones originales: “Estadio Azteca”, “La Libertad” y “Las oportunidades”, son canciones que están al nivel del resto del disco sin ningún género de dudas. Como me dijo Diego Vasallo cuando escuchó el disco, son canciones que nacen ya con sabor a clásicos en el mejor sentido del término. Cuando ahora diez años después acudes a un show de Andrés y empiezan los acordes de “Estadio Azteca” te das cuenta de lo cierto de aquella apreciación.

Para acabar no quiero dejar de mencionar la portada, obra de Javier Aramburu, para mí el más grande diseñador de portadas que ha habido en este país.

Andrés me escribió emocionado el día que recibió el vinilo, y yo lo estoy cada vez que oigo estas doce canciones inolvidables.

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