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Con el paso del tiempo los discos en directo han variado su papel en la carrera de los artistas, pero para varias generaciones han sido nuestros discos bandera, los que nos hicieron descubrir que la música era algo mucho más elevado que unas simples canciones.

En mi caso, y espero que haya alguno más, con doce años pasaba las tardes de los sábados, incluso de algunos viernes, en El Corte Inglés de Bilbao, donde la sección de música era inmensa, y sólo había LPs y singles de 7”. Con doce años cada disco era una novedad. Pasabas de escuchar la radio de la cocina de tu madre con un cassette al lado y los dedos apoyados en el play-rec, a ir a una tienda de discos y sentir que el mundo era maravilloso. Un universo de música que se podía tocar, que literalmente te dejaba restos en las manos, y que solo con estar entre esos discos ya constituía uno de los primeros actos “adultos” que recuerdo. Con mis primeros ahorros quise comprar mi primer disco, y tenía claro que iba a ser uno de los Rolling Stones. En los 40 Principales sonaba “Start me up” y necesitaba poseer “eso”.

En la tienda manoseaba el “Sticky fingers” (portada española), el “Love your live” que era doble y se me escapaba de mis posibilidades, uno que no podía ser bueno al tener una portada como “Emotional rescue”, “Beggars banquet”, y otros más, aunque realmente no había muchos más. Cada día, antes de irme, escondía los que me gustaban al final de las estanterías, poniéndolos del revés, pensando que los que miraban discos cerca de mí me los podrían quitar y nunca más los conseguiría.

Cuando volvía a casa e intentaba dormir, que no era fácil con el grado de excitación que tenía de estar viendo discos, descubriendo portadas, queriendo todos y teniendo que elegir solo uno… pues como te decía, en esas noches donde cerrabas los ojos y te imaginabas un mundo mejor, me veía delante del tocadiscos de mi padre y mi único disco, pero no podía decidirme por uno en concreto.

Meses antes, una prima mía, unos años mayor, y que ya vivía el rock, me había dado dos cassettes. Una era doble con el “It’s alive” de Ramones y la otra era una cinta grabada con el “If you want blood…” de AC/DC. Dos discos en directo que me habían descubierto un mundo nuevo y del que cada descubrimiento era un nuevo placer. Escuchando esos discos ya imaginé que un disco en directo de los Stones podía ser lo que siempre había buscado, un bocado de vida que necesitaba devorar.

Cuando reuní las casi mil trescientas pesetas que costaba un disco ya tenía clara mi decisión.

Dentro de la tienda y con el dinero en el bolsillo la presión era muy grande. Esa presión la podría comparar con el rato que habréis pasado algún cinco de enero quince minutos antes de que cierren las tiendas y aún no has comprado un solo regalo…

Ese día iba a salir de allí con un disco bajo el brazo, mi primer disco, y con el que iba a demostrar a mi padre que tener el doble rojo de los Beatles ya no le hacía ser un moderno.

Entre todos los discos que volví a mirar y manosear apareció uno que aparentemente lo tenía todo: “Gimmie shelter”. Estaba editado en 1970 o 71, la foto de la portada era de un concierto (años después supe que era una foto de la gira europea del 70), y en la portada aparecían los nombres de todos los temas. Y estaban todos los que me gustaban…Under my thumb, Satisfaction, Honky tonk women… ese era mi disco. No quise ni escucharlo en los tocadiscos de la tienda (te dejaban escuchar los discos con unos auriculares incrustados el teléfonos) para no perder tiempo… Lástima que cuando llegué a mi casa y lo pinché descubrí que era un disco “engañoso”. Tenía una cara con temas conocidos en versión estudio y la otra era un directo del ’66. Nada que ver con lo que demostraba la portada. Pero aun así era una cara con la maestría del grupo en estudio, y la otra con el arrollador directo que tenían en su primera época con Brian Jones.

Meses más tarde me desquitaría comprando “Get yer the ya ya’s out”, realmente el disco que me abrió las puertas de la percepción… El grupo en su mejor momento, de gira por Estados Unidos, y el disco era un resumen de sus conciertos en el Madison Square Garden. Como decía Sam Cutler en la intro: “Señoras y señores, la mejor banda de rock and roll del mundo, los Rolling Stones”, a lo que seguía Jumpin’ Jack Flash hasta acabar con Street Fighting Man. Con mis amigos intentábamos traducir lo que dice Jagger antes de Carol, donde cuenta que se le ha roto la bragueta del pantalón, o analizábamos por qué se escuchaba la voz de una fan gritando antes de Simpathy: “Paint it black, Paint it black!” (curiosamente utilizaron ese corte en “Flash Point” de 1990).

Un disco como ese mostraba a un grupo en la cima del mundo. Tener el disco era ser parte de ese mundo, entregarte a un artista como ellos se habían entregado a sus seguidores con un disco en directo.

¿A qué viene todo este rollo?

A que antes los discos en vivo marcaban una época, una etapa de un grupo, un punto culminante de su carrera, el disco que todos sus seguidores esperaban… Eran discos importantes, y si eran dobles mucho mejor. Allman Brothers, “Made in Japan” de los Purple, Dire Straits y “Alchemy”, “Rock & Ríos”, “Live at Leeds” de los Who, “Under a blood red sky” de U2, los ya citados de los Stones, AC/DC y Ramones. ¿Quién no ha tenido momentos importantes en su vida escuchando algunos de estos discos? ¿A cuántos artistas hemos descubierto por primera vez con su disco en directo? A finales de los 60 y en los 70 era la medalla de oro para un artista, y pese a quien le pese, en ese periodo de 10-15 años es cuando se generó la mejor música de la historia, por lo menos de la mía.

Eran discos que nos hacían creer que estos artistas eran superhéroes, tenían interpretaciones que creíamos insuperables, solos de guitarra que nos aprendíamos sin saber tocar la guitarra, hasta lo que hablaban entre tema y tema o los “oh yeah” y “gimme more” se convertía en algo importante.

Estos discos demostraban la grandeza de esos artistas, y reflejaban su gran momento. Años después estos discos empezaron a proliferar y a convertirse en “postales” de una gira, discos de transición, o productos de segunda categoría.

¿Y ahora? ¿Qué me parece un disco como el de M Clan? Sinceramente, un acto de valentía. Si editar un disco ya es de valientes, uno doble y en directo es de valientes y locos de remate, que es ni más ni menos el tipo de gente que necesitamos y que echamos de menos en el mundo de la música.

En los dos últimos años surgía la conversación sobre un futuro disco en vivo, y siempre les decía (y de verdad pensaba) que no tenía sentido grabar un disco donde la fuerza y lo emocional de sus conciertos se iba a quedar en el camino. Ahora no tengo ahora más que descubrirme, aceptar mi miopía, y darme cuenta que han conseguido un disco grande, donde se escucha cada momento emocionante de aquellos dos días, donde se siente a Tarque cantándote en la cara y a dos mil y pico paisanos cantando alrededor nuestro.

Simplemente que “Dos noches en el Price” esté en las tiendas es un éxito para M Clan. Un disco, doble, a la altura de los discos que hemos idolatrado, y que se quedará para la historia como “el disco en vivo de M Clan”. Y que eso pase con un disco tan bueno es algo que les hará más grandes aún.

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